El ADN de la gestión de activos, de la operación técnica a la generación de valor

AUTOR: Pabelon

En el entorno industrial contemporáneo, la gestión de activos ha dejado de ser una disciplina puramente técnica centrada en el mantenimiento para transformarse en un sistema de gestión estratégica. El reto actual no es solo “hacer que las máquinas funcionen”, sino asegurar que cada activo contribuya directamente al propósito superior de la organización. 

1) El marco estratégico: El paisaje total

Para gestionar con éxito, es necesario visualizar la organización como un ecosistema interconectado. Este “paisaje” se fundamenta en que nada ocurre de forma aislada: 

  • El Norte Estratégico: Todo comienza con el Propósito y el contexto. Este bloque define por qué existe la organización y cómo se adapta a un entorno cambiante, sirviendo de base para la Gobernanza y la Planeación. 

  • El Motor Humano: El bloque de Liderazgo, Gente y Cultura es el soporte vertical que sostiene toda la estructura. Sin una cultura alineada, los procesos técnicos de Gestión del Ciclo de Vida fallan por falta de compromiso o capacitación. 

  • La Toma de Decisiones como Eje: Como se observa en el modelo, la Toma de Decisiones es la barra transversal que conecta la planeación con la ejecución. Estas decisiones deben estar sustentadas en una robusta Gestión de Información, garantizando que los datos se traduzcan en acciones inteligentes. 

2) La gestión de riesgo: Navegando en la incertidumbre

Si el “Paisaje Total” es el mapa, la Gestión de Riesgo es la brújula. No se trata simplemente de evitar fallos, sino de gestionar la incertidumbre para proteger el valor. 

  • Identificación Consciente: El proceso inicia estableciendo el contexto para luego identificar riesgos basados en eventos "creíbles". Un error común es prepararse para lo imposible mientras se ignoran vulnerabilidades probables en la cadena de suministro o el ambiente. 

  • Análisis y Valoración: No todos los riesgos merecen la misma inversión. El análisis permite entender las causas y efectos (en activos físicos, reputación o regulación), mientras que la valoración permite priorizar dónde asignar los recursos limitados. 

  • Mitigación y Mejora: El tratamiento de los riesgos y el monitoreo constante aseguran que los planes de gestión de activos no sean documentos estáticos, sino herramientas vivas que evolucionan con la operación. 

3) El Resultado: Valor y Sostenibilidad

El objetivo final de este entramado no es la perfección operativa, sino la entrega de valor y productos. Una gestión de activos madura logra: 

  • Reducir la variabilidad: Al anticipar riesgos y estandarizar decisiones. 

  • Optimizar el ciclo de vida: Desde la creación/adquisición hasta la disposición final del activo. 

  • Resiliencia Organizacional: La capacidad de absorber impactos externos y recuperarse rápidamente gracias a una base sólida de información y liderazgo. 

La excelencia en la gestión de activos no reside en la complejidad de sus herramientas, sino en la integración de sus partes. Cuando el propósito, la cultura, la información y el riesgo convergen, la organización deja de gestionar “cosas” para empezar a gestionar oportunidades de valor.